La coherencia. Difícil alcanzarla en su plenitud. Pensar, sentir y actuar en la misma dirección. Compleja tarea si recordamos el aforismo pascaliano , "El corazón tiene razones que la razón no comprende".
La limitación principal viene dada por esa pequeña parcela de libertad que nos permite, a duras penas, ejercer el derecho a ser nosotros mismos, a elegir, a decidir, a ser dueños de nuestra vida, de nuestro destino, a no depender de las veleidades y exigencias ajenas.
Cuántas veces nos hemos visto obligados a actuar de manera opuesta a nuestro criterio o a nuestros sentimientos...
Tenemos hipotecada una parte considerable de nuestra existencia por circunstancias extrañas a nosotros.
Aun así, la coherencia ha de presidir nuestro día a día. Practicarla, manifestarla, imponerla si es preciso. La coherencia como un camino que nos conducirá al equilibrio, a la seguridad, en definitiva, a la paz interior. Una tabla de salvación para estos tiempos convulsos que nos ha tocado vivir.
Errantes, frente a la noche solos. Con la palabra como única compañía. La palabra hecha canto. La palabra como salvación, como catarsis. Mientras la luz nos niegue.
domingo, 18 de septiembre de 2016
domingo, 11 de septiembre de 2016
MÍA Y LA TARDE: SOLILOQUIOS
Dónde está el límite entre fantasía y verdad en poesía...
José Hierro, con esa vehemencia que le caracterizaba, en una entrevista criticaba la denominación "poesía de la experiencia", como una modalidad que la diferenciaba de otras: "Qué poesía no surge de la experiencia, de la propia experiencia..."
Si bien es cierto que el poeta deja mucho de sí en sus versos, no todo lo que expresa en ellos ha tenido que ocurrirle textualmente.
La dedicatoria de uno de mis libros dice así: "A ti, que me sabes en la luz de esta verdad mentida". "Verdad mentida". Así defino yo mi poética. En su exégesis el lector tendrá la última palabra.
José Hierro, con esa vehemencia que le caracterizaba, en una entrevista criticaba la denominación "poesía de la experiencia", como una modalidad que la diferenciaba de otras: "Qué poesía no surge de la experiencia, de la propia experiencia..."
Si bien es cierto que el poeta deja mucho de sí en sus versos, no todo lo que expresa en ellos ha tenido que ocurrirle textualmente.
La dedicatoria de uno de mis libros dice así: "A ti, que me sabes en la luz de esta verdad mentida". "Verdad mentida". Así defino yo mi poética. En su exégesis el lector tendrá la última palabra.
martes, 4 de agosto de 2015
domingo, 5 de abril de 2015
DIARIO DE ESPERAS. 5, IV, 2.015.
Con el paso ligero avanzo entre las gentes. Vamos hacia el mismo lugar: "El banquete del hambre". La mesa está servida, la fiesta comenzó, y llego tarde. Me van dejando atrás, y llego tarde. No es mi destino otro.
Ocupan cada uno sus asientos. No falta nadie, nadie me extraña. Todos cantan, celebran y levantan sus copas. Llegué tarde a la cita.
Hay restos de manjares esparcidos y el vino se derrama sobre un mantel bordado.
Alguien entra y me indica la salida.
Y regreso al silencio de la noche que habito.
sábado, 7 de marzo de 2015
INVITACIÓN
Por qué no te atreves
a cambiar tu destino
y a volar con mis alas
hacia la libertad.
Por qué no te atreves...
Hay un lugar más lejos
de esta cita obligada cada tarde
a las cinco.
Los mismos perdedores,
la misma mesa de esta taberna antigua.
La fiel monotonía se sienta con nosotros
y nos invita
a elevar nuestras copas y a brindar
por los días tranquilos que acontecen
sin dolor y sin dicha.
Reposan tus cabellos en los hombros cansados
y hay resaca en tu aliento.
Caminas por los años
sin descubrir paisajes que se abren ante ti.
Por qué no te decides a inventarte de nuevo,
a renacer conmigo antes de que la noche
nos cierre las fronteras y los sueños.
Allí estaré.
No tardes.
a cambiar tu destino
y a volar con mis alas
hacia la libertad.
Por qué no te atreves...
Hay un lugar más lejos
de esta cita obligada cada tarde
a las cinco.
Los mismos perdedores,
la misma mesa de esta taberna antigua.
La fiel monotonía se sienta con nosotros
y nos invita
a elevar nuestras copas y a brindar
por los días tranquilos que acontecen
sin dolor y sin dicha.
Reposan tus cabellos en los hombros cansados
y hay resaca en tu aliento.
Caminas por los años
sin descubrir paisajes que se abren ante ti.
Por qué no te decides a inventarte de nuevo,
a renacer conmigo antes de que la noche
nos cierre las fronteras y los sueños.
Allí estaré.
No tardes.
domingo, 22 de febrero de 2015
EL FINAL DE LA HUIDA
Como tú. Un hombre solo, como tú.
Sin conocer la luz del nuevo día, el timbre de un reloj me empuja a los apremios de una ciudad extraña, ajena a los apegos.
Un hombre solo, que atraviesa el portal sin despedirse, con el abrazo ausente; que renace y renace en el asfalto con el traje diario de pasar sin ser visto; que emprende los caminos por calles aprendidas, en busca de un espacio entre todos y nadie. Y clamo, como tú, y solo escucho la voz de una ciudad preñada de ruidos y silencios.
Busco una caricia en las esquinas y compro la pasión de los cuerpos prestados, fríos como el lecho donde abrigo los sueños mal despiertos. No hay secretos en esta alcoba abierta a las entregas vendidas a buen precio. No hay miradas más allá del deseo. Tuve el amor a punto y se hizo viejo. Ya nadie lo reclama.
Dónde la huida... Vivo llegando a paraísos aún no merecidos. Me alío a las esperas, me enredo en sus marañas con la certeza justa de no hallas más salida que la ciega costumbre.
La fiel monotonía de un reloj acompaña. Las agujas se pierden en círculos viciosos. Dibujan la constancia con el rostro redondo. Así es mi soledad.
Tras los cristales de algún café de barrio me protejo. Cansado apuro el café de las ocho. Alguien me mira y no lo reconozco, pero algo me empuja a compartir un trago y a brindar por nosotros, perdedores de qué inútil contienda, de qué justo designio.
Ya somos dos noctámbulos que deambulan sin rumbo, a la luz mortecina de unas viejas farolas. Quién podrá sumarse a este paseo, bajo lunas errantes, donde dos somos muchos...
Y torno a la casa, y me adentro en sus fríos igual que ayer, lo mismo que mañana. Apago el cigarrillo y apoyo la cabeza en la almohada. Escapo entre cuatro paredes, bajo la negra sábana de un cielo que me niega. Y voy muriendo...
Y amanezco.
Y de nuevo la vida me encuentra en sus despojos, desnudos de su carne. Y de nuevo la vida. Amante despechada que sale al paso. Me rindo a sus encantos y me humillo ante ella, y la sigo, y me arrastro, y pruebo sus filtros de acíbar y melaza, y paso, junto a ella, por cárceles y fugas, por la piel de la historia, por los bordes del verso. Y pasaré, como ella, cuando fuerzas me venzan. El final de la huida.
jueves, 19 de febrero de 2015
UN POEMA EN LA LLUVIA
Llueve...
Camino por las calles bajo tules de agua.
Mi cuerpo va desnudo. Nadie me mira.
Escucho la cadencia del suave tintineo
romper sobre el asfalto. Y sigo el rastro.
Dónde me llevará...
Pronto el cielo se aleja y oscurece mis ojos.
No me arredra la noche, ni el pudor, ni el cansancio.
Basta una gota que acaricie mi frente.
Pero nadie me mira. Mi cuerpo va desnudo
y nadie me pregunta. ¿Reirán esta locura?
Tal vez de mí se apiaden. Tal vez callen
y esperen mi regreso.
Saben que voy buscando un poema en la lluvia.
Camino por las calles bajo tules de agua.
Mi cuerpo va desnudo. Nadie me mira.
Escucho la cadencia del suave tintineo
romper sobre el asfalto. Y sigo el rastro.
Dónde me llevará...
Pronto el cielo se aleja y oscurece mis ojos.
No me arredra la noche, ni el pudor, ni el cansancio.
Basta una gota que acaricie mi frente.
Pero nadie me mira. Mi cuerpo va desnudo
y nadie me pregunta. ¿Reirán esta locura?
Tal vez de mí se apiaden. Tal vez callen
y esperen mi regreso.
Saben que voy buscando un poema en la lluvia.
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