Errantes, frente a la noche solos. Con la palabra como única compañía. La palabra hecha canto. La palabra como salvación, como catarsis. Mientras la luz nos niegue.

domingo, 26 de noviembre de 2017

MÍA Y LA TARDE: SOLILOQUIOS

Hoy remonto la cima de tu efigie serena
y me inclino ante ti,
y pronuncio tu nombre con un dolor perdido
en tu estela de sal de lágrima olvidada.
Eres la lluvia mansa con blancura de cisnes,
eres la sed y el agua para saciarme en ti.

Yo,
que nunca presentí las madrugadas
con sueños de ceniza,
soy la niebla que expande su red en las deshoras,
soy enigma en la sombra,
y en la nada renazco de morir cada día.

Quédate en mí despacio, soledad. Tómame
en este beso ausente de mis labios,
viérteme  en tu silencio porque,
después de todos y de todo,
yo siempre te esperé.



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