Hoy llamaré a tu puerta
cuando amaine el diluvio.
Entraré como entonces,
callándome los besos,
negando las palabras
que dejaron secuelas
en mi voz y en mis labios.
No me reproches
que viva al otro lado,
que camine a tu encuentro
por terrenos abruptos,
o rechace el dulce de frambuesas
que tan celosamente guardabas para mí.
Si te hablo de espaldas
recogiendo mis libros,
hallarás el motivo
en ese amor de saldo
que hasta ayer me ofrecías
y murió con nosotros.

No hay comentarios:
Publicar un comentario