Errantes, frente a la noche solos. Con la palabra como única compañía. La palabra hecha canto. La palabra como salvación, como catarsis. Mientras la luz nos niegue.

domingo, 2 de abril de 2017

MÍA Y LA TARDE: SOLILOQUIOS

Y me encuentro de nuevo con las manos vacías...

No atesoré riquezas
ni malgasté los bienes que, generosamente,
la vida me ofrecía.
No aposté mi fortuna a una sola carta
ni vendí al diablo mi alma y mis anhelos.
Lo poco que tenía lo entregué sin reservas,
sin pedir nada a cambio.

Nada poseo, y he de avanzar.
Mis manos solo guardan unos restos de ayer.
Que nadie me reproche si me sorprenden
abriéndolas al aire,
recogiendo en sus huecos bocanadas de brisa,
para seguir viviendo.


domingo, 26 de marzo de 2017

MÍA Y LA TARDE: SOLILOQUIOS

A veces me pregunto
si alguna vez me amaron,
si alguna vez amé.
Podría ser que sí:
la pasión no mentía,
ni el placer, 
ni el deseo.
Mas después de la entrega
buscábamos el otro, perdidos,
en la alcoba;
callados, frente a frente;
a oscuras, sin sentirnos.

Qué más puede ofrecer
el cuerpo que aprendió
a borrar las caricias de otras manos,
a escupir otros besos,
a medirse en la herida.

Si alguna vez me amaron,
si alguna vez amé,
se hizo tarde en el tiempo.
Para qué desvivir las horas rotas.
Aún queda el corazón,
queda el poema
en tardes como esta,
sin regreso.



lunes, 20 de marzo de 2017

MÍA Y LA TARDE: SOLILOQUIOS

En tardes como esta
la soledad respira, como un perro dormido,
junto a mí. Me acompaña.
Aguarda el silencio del mundo para lamer mis sienes,
recorrer las hojas de una agenda que oculta
un lugar y una fecha,
un renglón sin historia.

Podría escribir tu nombre
y en un papel cualquiera devolverte a la vida.
Mas la memoria quiere perderse entre la niebla.

Aún me sobra el dolor.

Puede que un día,
cuando el tiempo disponga
una manera nueva de habitar la distancia,
retornes a las notas de mi canto.
Algún día,
cuando el tiempo disponga.
Cuando, al fin,
no te olvide.

domingo, 5 de marzo de 2017

MÍA Y LA TARDE: SOLILOQUIOS

Un día más...

Esta quietud me ofrece el espacio
que el tiempo no quiso concederme;
la palabra posible,
a tientas por mis labios;
los renglones desnudos
de una historia que escribe
sus últimos capítulos,
sus últimas batallas.

Un día más.
Y la tarde se cierne
sobre los muros de una ciudad
que reposa el cansancio de prisas apiñadas
y voces de taberna.

Un día más
a la sombra del árbol que me crece
como crece el silencio de la vida que late,
de la vida que aguarda más allá de las horas.

Un día más...


sábado, 25 de febrero de 2017

MÍA Y LA TARDE: SOLILOQUIOS

Sentada en el sillón,
al brillo de una lámpara,
aguardaré detrás de las persianas.
Después,
cuando culmine el sol,
perdurarán las cosas que tanto amé...

Aquel libro de páginas muy blancas
que a ratos escribí,
y un poema sin firma,
y mis años tan quietos en el álbum de agua
que baña mis rodillas y me inunda,
trago a trago,
de vida.

La estancia va amueblando sus rincones
de momentos y risas.
Por las rancias techumbres cuelgan racimos
de un fruto inalcanzable.
Y mis años tan quietos en el álbum que evoca la realidad
cuajada de existencias,
la realidad que fue
y que hoy invento.

Una mancha de tinta y una letra imprecisa
cierran historias de soles que culminan,
de renglones intactos que pasaron sin gloria.
Historias entre líneas de escarpada andadura,
que insisten, que perviven detrás de las persianas,
junto a las cosas que tanto amé.

domingo, 19 de febrero de 2017

MÍA Y LA TARDE: SOLILOQUIOS

Mi silencio...

Perdido acantilado donde el dolor se escucha,
donde el placer se esconde
y vivir es leyenda interminable
para fingir que soy
silueta en su cristal de fantasías.

Vengo de tu silencio y a mi silencio voy.

Tal vez resurja el alba y me seduzca
su resplandor naciente,
abandone mi lecho como amante
que deja entre las sábanas
una pasión prohibida,
para huir,
correr por el largo vacío de su voz,
beber la última gota de su fuente
y hartarme su manar
que en mi ayuno es el pan que me alimenta.

Vengo de tu silencio.
Traigo muda la entraña
y sordos los sepulcros de mis senos dormidos.
Y a mi silencio voy.
Errante.
Doliente como el sol de atardecida.

domingo, 12 de febrero de 2017

MÍA Y LA TARDE: SOLILOQUIOS

Cuántos atardeceres han pasado conmigo,
se han sentado conmigo detrás de los cristales...

He perdido la cuenta.

Sabían dónde hallarme,
donde el recuerdo resume la existencia,
donde el tedio se viste de finas porcelanas
que adornan los estantes,
desnudas,
bajo el polvo.

Engendraron poemas
-quién salvará mis versos del olvido-,
plasmaron en el lienzo el color de la tierra.

El crepúsculo anuncia
que el cielo se abandona a sus fantasmas.
Hay tanto por hacer...

He perdido la cuenta.


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