Errantes, frente a la noche solos. Con la palabra como única compañía. La palabra hecha canto. La palabra como salvación, como catarsis. Mientras la luz nos niegue.

domingo, 22 de octubre de 2017

MÍA Y LA TARDE: SOLILOQUIOS

A espaldas de la piedra,
rompe la soledad,
emergen los abismos,
se aprenden los atajos del silencio.

Queda esperar,
siquiera frente al alba.
Esperar su resplandor naciente,
abrir al mirador del aire
el alma que me sobra.
Que se arañe de brisas,
que estalle, cual diluvio de besos,
en las bocas sedientas,
que perciba en su vuelo
la levedad del pájaro en la rama.

Una calle desierta me invita a transitar,
y camino sin rumbo.
Por las anchas aceras habitan los portales
y el alba entra.
Yo la sigo por el largo pasillo de su voz.
Nada detiene.
No hay llaves que sepulten el alma que aún me habita.
Nada detiene.
No hay tiempo ni memoria
a espaldas de la piedra.

domingo, 15 de octubre de 2017

MÍA Y LA TARDE: SOLILOQUIOS

Sobre piedra renazco.

Descorro las cortinas.
Sobre piedra
la mañana es un paisaje herido.
Amanecen las calles
al otoño sin flor de los balcones.
Bajo nubes mugrientas
se asientan los suburbios
y parecen perderse a humos de la luz.

Despierto igual que ayer
y a la hora de siempre.
La memoria golpea en los espejos
pero nadie responde. Nadie.
Ni siquiera un recuerdo
que temblara en los ojos vacíos
de aquella que se fue,
aquella que se escapa día a día,
sin ruido,
por mañanas idénticas,
rotas las suelas,
a tientas por la selva de cemento.
Aquella que se fue
nunca regresa.

Y vuelvo sola.
Despojada de mí
renazco de morir cada mañana
mientras calla el reloj del último minuto,
mientras la lluvia prende
sobre piedra.

domingo, 24 de septiembre de 2017

MÍA Y LA TARDE: SOLILOQUIOS

Pronto, muy pronto,
mudaremos el traje que nos viste,
cambiaremos el corazón de sitio,
brotaremos al soplo que no cesa:
huracán de plumas
que nos mueve en sus cimbres.

Entonces pensaremos que nada fue real,
que todo fue un pasar entre tinieblas.
Podremos emprender la caminata temprano,
cuando el deseo se aloje en cada instinto
y arrecien madrugadas donde aventar querencias.
Besaremos la tierra que guía y nos sustenta
y partiremos hacia cualquier destino,
Poeta y Hombre juntos.
Y marcharemos firmes, con la mirada fija,
allá,
donde la luz alcance a alumbrar libertades,
donde la luz oriente los comienzos.



domingo, 17 de septiembre de 2017

MÍA Y LA TARDE: SOLILOQUIOS

Peregrina
hacia un lugar donde batirme en duelo
con la niña de agua que me crece.

Peregrina desde la entraña muda,
oculta en las ruinas,
atenta al corazón que se desborda,
en hálito febril,
por las prietas murallas de la carne.

Fugitiva en la niña que confiesa mis ansias
voy
hasta donde se mecen los primeros arrullos,
la caricia rendida arrancada de un tiempo
que conmigo camina.
Un tiempo que me niega
y siempre me acompaña.

Al acecho,
velo a la niña que reposa
en mi pecho de espumas,
y un corazón se tiende
y hace playa en su vientre.

Vierte la niña la sangre de mis venas
para nadar a orillas de azules transparentes,
para crecer en aguas con blancura de cisnes.
Peregrina de arenas.
Fugitiva de un tiempo que a mi lado camina.

domingo, 10 de septiembre de 2017

MÍA Y LA TARDE: SOLILOQUIOS

Será tarde
para aliviar la pena de saberme leyenda de una historia
jamás acontecida.
Tarde
cuando bajen del pecho los lentos desengaños.
Los dejaré rodar como pedradas.
Y cerraré la puerta de esta casa que habito y que comparte
el pan del mediodía.
Esta casa que aguarda
cuando todos recogen sus pocas pertenencias
y se marchan aligerando el tedio, la esperanza,
 el cigarrillo apenas consumido.

Y cerraré la puerta.
Hay sitio en esta casa para el hombre
que suelta sus cadenas y redime
tanto perdón sin culpa.
Para el hombre que espera en el umbral...

Y se hace tarde.

domingo, 3 de septiembre de 2017

MÍA Y LA TARDE: SOLILOQUIOS

Crecen las sombras,
y un silencio de voces estremece
el color de la tarde.

Crecen. Como el vacío, crecen.
Abrazan y se aferran a los cuerpos que yacen
y ocultan la esperanza y el miedo entre los labios.

Crecen. Como la ausencia, crecen.
El cielo es un adiós que llora en cada pecho.
La tierra su sendero.

Crecen. Como el recuerdo, crecen.
La tierra es el destino que lleva y no conoce
regresos que rediman la herida de la piedra.

Crecen. Como el olvido, crecen.
El cielo es el adiós.
La tierra su camino.

sábado, 1 de julio de 2017

MÍA Y LA TARDE: SOLILOQUIOS

Voy...
Y en la ida se arropa la nostalgia
con su mano  de ausencias.
No conozco el retraso.
No conozco estaciones que demoren
la marcha irremediable.
Al hombro mi equipaje incierto de horizontes.

Voy
en un vagón de urbanas perspectivas.
Huele a sudor de asfalto.
Llora el ángel caído
por la mejilla gris de los que agitan
sus pañuelos al frío.
Mi asiento no soporta el peso de los hombres
que olvidaron sus sombras.

Y voy...
Extraña al mestizaje de abrazo y despedida.
A cuestas todo el ayer de golpe.
Repleto el envoltorio para ir,
para seguir,
para vivir llegando
cada día.


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