Voy...
Y en la ida se arropa la nostalgia
con su mano de ausencias.
No conozco el retraso.
No conozco estaciones que demoren
la marcha irremediable.
Al hombro mi equipaje incierto de horizontes.
Voy
en un vagón de urbanas perspectivas.
Huele a sudor de asfalto.
Llora el ángel caído
por la mejilla gris de los que agitan
sus pañuelos al frío.
Mi asiento no soporta el peso de los hombres
que olvidaron sus sombras.
Y voy...
Extraña al mestizaje de abrazo y despedida.
A cuestas todo el ayer de golpe.
Repleto el envoltorio para ir,
para seguir,
para vivir llegando
cada día.
Errantes, frente a la noche solos. Con la palabra como única compañía. La palabra hecha canto. La palabra como salvación, como catarsis. Mientras la luz nos niegue.
sábado, 1 de julio de 2017
domingo, 11 de junio de 2017
MÍA Y LA TARDE: SOLILOQUIOS
Nadie. No queda nadie.
A la luz mortecina de una farola vieja,
la silueta de un cuerpo teñido de cemento.
Ebria de alcohol y humo,
la calle es un rosario de esperanzas desiertas.
Soledades de asfalto.
La calle es una selva con nombres y apellidos.
Pero no queda nadie.
La silueta de un cuerpo se busca vacilante
trago a trago, y encuentra,
podrida en los escombros de la última noche,
su última mentira. Trago a trago.
Y un hombre que va consigo mismo ahogando su delirio,
deshojando la vida entre golpes de esquinas.
La silueta de un hombre que habla solo y le basta
para romper mutismos
cuando el mutismo es pacto de silencios ajenos.
Nadie. No queda nadie.
La silueta de un hombre que va consigo mismo,
que habla solo y le basta cuando todos se han ido.
A la luz mortecina de una farola vieja,
la silueta de un cuerpo teñido de cemento.
Ebria de alcohol y humo,
la calle es un rosario de esperanzas desiertas.
Soledades de asfalto.
La calle es una selva con nombres y apellidos.
Pero no queda nadie.
La silueta de un cuerpo se busca vacilante
trago a trago, y encuentra,
podrida en los escombros de la última noche,
su última mentira. Trago a trago.
Y un hombre que va consigo mismo ahogando su delirio,
deshojando la vida entre golpes de esquinas.
La silueta de un hombre que habla solo y le basta
para romper mutismos
cuando el mutismo es pacto de silencios ajenos.
Nadie. No queda nadie.
La silueta de un hombre que va consigo mismo,
que habla solo y le basta cuando todos se han ido.
domingo, 4 de junio de 2017
MÍA Y LA TARDE. SOLILOQUIOS
Hay silencio de alcobas
y es noche en las alturas.
Más abajo la carne se desnuda
de piel y de costumbre.
El alma es todo sombra,
la sombra es solo luz envejecida.
El alma es todo sombra de toda luz ausente.
Falsa quietud de lunas,
falsa apariencia.
Quién puede detener
la marcha del reloj en cada estrella.
Quién puede transgredir
el círculo vicioso de ser hombre.
Dormir,
tal vez huir con los ojos cerrados.
Huir
y regresar con los ojos vacíos.
Despertar
aventurando el llanto y la sonrisa.
Comenzar otro ayer
y seguir
sabiéndonos olvido.
y es noche en las alturas.
Más abajo la carne se desnuda
de piel y de costumbre.
El alma es todo sombra,
la sombra es solo luz envejecida.
El alma es todo sombra de toda luz ausente.
Falsa quietud de lunas,
falsa apariencia.
Quién puede detener
la marcha del reloj en cada estrella.
Quién puede transgredir
el círculo vicioso de ser hombre.
Dormir,
tal vez huir con los ojos cerrados.
Huir
y regresar con los ojos vacíos.
Despertar
aventurando el llanto y la sonrisa.
Comenzar otro ayer
y seguir
sabiéndonos olvido.
domingo, 28 de mayo de 2017
MÍA Y LA TARDE: SOLILOQUIOS
Hoy
deja un hueco vacío.
Escapó sin ruido de las manos del tiempo,
en la hora más negra,
cuando todo es olvido.
Hoy,
como agua que corre,
como río que tiembla hacia el mar de su muerte,
como nieve perpetua en la copa del frío,
se vistió de ruinas,
y un viento de murallas pobló con sus despojos
la huella que lo ofende.
Se vistió de ruinas.
Y crujió como piedra en las sienes del aire.
deja un hueco vacío.
Escapó sin ruido de las manos del tiempo,
en la hora más negra,
cuando todo es olvido.
Hoy,
como agua que corre,
como río que tiembla hacia el mar de su muerte,
como nieve perpetua en la copa del frío,
se vistió de ruinas,
y un viento de murallas pobló con sus despojos
la huella que lo ofende.
Se vistió de ruinas.
Y crujió como piedra en las sienes del aire.
domingo, 21 de mayo de 2017
MÍA Y LA TARDE: SOLILOQUIOS
Dejo el balcón abierto.
A la hora pactada.
Después de andar caminos arrastrando la vida,
retorno a la cadencia de un verso que me eleva
y me salva del mundo.
He de partir y quiero
volver la vista atrás.
Que ese resto de vida que me falta
se asome a despedirme.
No llevaré equipaje, acaso,
los recuerdos de un tiempo que me pesa
y siempre me acompaña.
Oigo la voz del aire que me inicia
en su peregrinar,
y me invita a levantar el vuelo
cuando la huella marque su levedad.
Solo entonces
será mi rastro de agua.
Y besaré la tierra cuando regrese un día.
La tierra que hoy me lleva
y apoyó la caída tantas veces...
Es hora de partir.
Dejo el balcón abierto
a mis ojos transidos del cerco de la tarde.
Dejo el balcón abierto
y una página en blanco que espera
tras la niebla.
A la hora pactada.
Después de andar caminos arrastrando la vida,
retorno a la cadencia de un verso que me eleva
y me salva del mundo.
He de partir y quiero
volver la vista atrás.
Que ese resto de vida que me falta
se asome a despedirme.
No llevaré equipaje, acaso,
los recuerdos de un tiempo que me pesa
y siempre me acompaña.
Oigo la voz del aire que me inicia
en su peregrinar,
y me invita a levantar el vuelo
cuando la huella marque su levedad.
Solo entonces
será mi rastro de agua.
Y besaré la tierra cuando regrese un día.
La tierra que hoy me lleva
y apoyó la caída tantas veces...
Es hora de partir.
Dejo el balcón abierto
a mis ojos transidos del cerco de la tarde.
Dejo el balcón abierto
y una página en blanco que espera
tras la niebla.
domingo, 30 de abril de 2017
MÍA Y LA TARDE. SOLILOQUIOS
Erguida frente a mí,
la pared, desconchada,
me adentra en sus paisajes.
Apuro el cigarrillo
y un café sin azúcar.
Me acomodo ante ella.
En el vagar del tedio
me mira, y yo la miro.
Tantas veces las horas
clavaron en mis ojos
la altivez de sus muros,
que hasta puedo tocarla
y escribir sin temor
mi nombre en los resquicios
de una albura insolente:
"Mía desde la espera,
y hacia la espera, sola".
la pared, desconchada,
me adentra en sus paisajes.
Apuro el cigarrillo
y un café sin azúcar.
Me acomodo ante ella.
En el vagar del tedio
me mira, y yo la miro.
Tantas veces las horas
clavaron en mis ojos
la altivez de sus muros,
que hasta puedo tocarla
y escribir sin temor
mi nombre en los resquicios
de una albura insolente:
"Mía desde la espera,
y hacia la espera, sola".
domingo, 23 de abril de 2017
MÍA Y LA TARDE: SOLILOQUIOS
Suena la música.
Aviva mis oídos
y me concede el don
de la nostalgia.
Eran domingos
de un invierno sin sol en las ventanas,
de apuntes compartidos
y reuniones en casa de Julián.
Saciábamos la sed de rebeldías
con la guitarra al hombro
y un licor muy barato.
Moustaki era el motivo
de aquietar en mi espalda el temblor de tus dedos
recorriendo mi piel.
Sobraban las palabras.
Solo la música
y tu abrazo abarcándome.
La vida hecha de instantes.
Georges Moustaki cantando
"Ma solitude".
Aviva mis oídos
y me concede el don
de la nostalgia.
Eran domingos
de un invierno sin sol en las ventanas,
de apuntes compartidos
y reuniones en casa de Julián.
Saciábamos la sed de rebeldías
con la guitarra al hombro
y un licor muy barato.
Moustaki era el motivo
de aquietar en mi espalda el temblor de tus dedos
recorriendo mi piel.
Sobraban las palabras.
Solo la música
y tu abrazo abarcándome.
La vida hecha de instantes.
Georges Moustaki cantando
"Ma solitude".
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